Música, la mejor Materia según la Neurociencia

Hace ya tiempo que la ciencia intenta averiguar los efectos positivos que la música tiene sobre nuestro cerebro. Incluso algunos estudios como el publicado en la revista Nature en 2003 y otros anteriores, hablan del “Efecto Mozart”. Según estos estudios, las personas participantes mejoraron su C.I. tras escuchar una determinada obra de Mozart. Fantástica noticia aunque hasta la fecha sólo se ha podido demostrar que el supuesto efecto apenas duraba unos 10 minutos tras la escucha de la sonata en cuestión. Los estudios siguen en marcha pero, al parecer, obtienen resultados contradictorios; tendremos que esperar, pues, para saber si la música de Mozart tiene o no ese efecto “potenciador” que algunos científicos le atribuyen aunque lo que sí parece haberse demostrado es el efecto terapéutico que la música del genio de Salzburgo tiene en algunos pacientes epilépticos (vieron reducir el número de crisis que sufrían al escuchar la sonata K448, cf. John Jenkins, revista de la Royal Society of Medicine de Inglaterra, 2001).

Sea como fuere, si bien no es seguro que la música nos hace directamente más inteligentes, gracias a los estudios más recientes conocemos la influencia que la música tiene sobre nuestro cerebro, al escucharla y muy particularmente al practicarla, y en muchos puntos sí que mejora nuestras funciones cerebrales. En el vídeo que os ponemos a continuación aprendemos cómo la ciencia ha podido demostrar que la práctica disciplinada de la música estimula las funciones cerebrales superiores -las que intervienen en actividades como las matemáticas o la ciencia-, también se ha demostrado que tocar música aumenta el volumen y la actividad en el cuerpo calloso, que es el puente entre los dos hemisferios… Esto podría permitir a los músicos resolver problemas de manera más eficaz y más creativa, tanto en contextos académicos como en otros contextos sociales”.

Lo que queda claro es que pocas o ninguna otra materia requieren de tanta actividad cerebral como la música y que la práctica de un instrumento nos ayuda muy concretamente a mejorar nuestras funciones ejecutivas (las responsables de una buena planificación, atención, toma de decisiones, etc.), a incrementar nuestra memoria y nos permite, además, concentrarnos mejor e incluso ser más creativos. Si a esto le añadimos el efecto balsámico y estimulante que tiene la música sobre nosotros y cómo nos hace sentirnos mejor, entenderemos fácilmente que practicar música equivale a un entrenamiento completo de nuestra mente.

En definitiva, parecería que Nietzche llevaba razón cuando dijo aquello de “la vida, sin música, es un error”, de modo que ¡no nos privemos y disfrutemos de la música al máximo!

 Autores del vídeo: Anita Collins (guión) y Sharon Colman Graham (ilustraciones)

 

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